21 sept. 2015

Un parto y 152 días


martes, 6 de enero de 2015

Suena el despertador a las 7 de la mañana diciéndome con sus pitidos: "levántate, que hay que entrenar". Como siempre, apenas dejo que suenen dos y me levanto como un resorte. No soy de los que se recrean en la cama antes de poner los pies en el suelo. Miro debajo de la cama y, como era de esperar, este año tampoco se han acordado de mí los Reyes de Oriente. Qué tiempos aquellos de la infancia en los que la ignorancia y la felicidad iban en el mismo pack... Café largo con dos terrones de azúcar de caña integral y un rato de ordenador para acabar de despejarme. Un poco de redes sociales, otro poco de periódicos, comprobar la sesión de entrenamiento que toca realizar... Nada nuevo.

Falta un día para haber transcurrido ya el mes exacto desde mi última carrera: el Maratón de Castellón 2014. Ese en el que abandoné en el kilómetro 35 y que me dejó muy mal sabor de boca. Sobre todo tras la preparación inmaculada y heroica que había llevado a cabo. Así de injusto es el legado de Filípides. Tras la semana completa de parón y las dos correspondientes de transición, llega ya una semana "normal". Ayer, para empezar a soltar carbonilla, hice 12 intervalos de 400 metros a 3:45/km, recuperando 1 minuto al trote entre los mismos. Así que hoy toca algo suave para recuperar, que mañana me espera una sesión de Tempo. El menú del día son 6 millas a ritmo suave. Unos 50 minutos. Y han de ser millas porque es como estoy entrenando en esta etapa post-Castellón. Todo por querer ser lo más fiel posible al nuevo método de entrenamiento que llevo entre manos - o mejor dicho, entre pies. El método estadounidense de los hermanos Hanson (Detroit, Michigan). Hay que absorber esa metodología al máximo, que tiene muy buena pinta. Basada en las adaptaciones fisiológicas que producen en nuestro organismo las diferentes sesiones de entrenamiento, o lo que es lo mismo, una metodología basada en la ciencia.

Sofia en el vientre de su madre
Son ya casi las 8 de la mañana. Con la indumentaria típica de esa época fría del año me dispongo a salir de casa, cuando de repente aparece mi mujer con un alto grado de preocupación porque piensa que algo le ha pasado a Sofia, la pequeñaja que lleva pegándole patadas en la barriga durante poco más de ocho meses. Llamada al ginecólogo y éste le dice que acuda al Hospital 9 de Octubre de Valencia. Una hora en coche es la que nos separa de casa. Casi nada. Aunque en un día tan señalado, a estas horas los típicos atascos en la entrada a la capital brillarán por su ausencia. Mi mujer, ya preparada para partir, esperando a que me duche, me ponga la ropa y me haga la maleta. Eso es lo que entiendo yo por urgencia. Plenamente confiado en que los pediatras no suelen fallar en sus predicciones de parto - el pronóstico era el 21 de enero - esperaba para preparar la maleta cuando se hubieran agotado las fiestas navideñas. Pero no hay que subestimar el poder de la mística, y esta noche hay luna llena.

A eso de las 11 llegamos al hospital. Tras las pertinentes pruebas de que todo está bien - mujer e hija - nos asignan una habitación individual. Ese es el pequeño lujo que tiene la sanidad privada, porque lo que es el trato del personal de planta, mejor no comentarlo. Eran la antipatía personificada. Ahora a esperar a la "rotura de aguas" o, en caso de no producirse así, a la tarde, momento en el que se le provocaría el parto. Yo aprovecho las ventajas de no acarrear con el embarazo para comer un poco de pasta en el restaurante italiano de enfrente. Dibocca, qué bien se come ahí...

Llego de comer y no hay novedades. Qué larga se hace la espera. Y así hasta las 6 de la tarde en la que la matrona nos envía ya hacia abajo. Es una sensación parecida a cuando me dirigí al cajón de salida de mi primer Maratón. Aunque aquí sé que no soy yo el que va a sufrir. Anestesia epidural, prostaglandinas, sedantes... Todo un repertorio de sustancias dopantes las que le introducen a mi mujer a través de jeringuillas. Para su bien, ella va como si estuviera de borrachera y no se está enterando de mucho, pero a mí esto se hace cada vez más pesado. Viendo que son las 8 y el asunto va para largo - ultra Maratón, como mínimo - acudo al avituallamiento líquido y sólido que hay en el restaurante del hospital. Toda esta intranquilidad, más que quitarme el hambre, produce en mí el efecto contrario, así que lleno bien el buche con un buen bocadillo vegetal, una tarrina de macedonia y un muffin relleno de chocolate. Lo típico que no te harías la noche antes de una carrera importante. Y como no, un café para aguantar lo que me espera... Todo en tiempo récord, no sea que me pierda el gran momento.

De vuelta otra vez hacia la sala preparto. La peque se resiste a salir. Parece que será cabezota - o collonuda, como se dice por aquí. Transcurren un par de horas más y lo único que puedo hacer yo es el "minuto y resultado" de los acontecimientos a través del whatsapp. Todo apunta a que no nacerá en una fecha tan señalada como ésta, cuando a falta de 45 minutos para la medianoche aparece el doctor. Ordena su ingreso en la sala de parto. Parece que él también está cansado de esperar. Quince minutos más y se da el pistoletazo de salida. Primer empujón sin suerte, seguido de una breve recuperación pasiva. De nuevo otro impulso y esta vez sí, 15 minutos antes de que acabara el día, viene al mundo mi hija Sofia llorando como si le estuvieran dando una paliza. Menudos pulmones tiene. Tras un día más largo que un long run después de una noche de fiesta, el parto había sido más rápido que el récord del mundo de los 5.000 metros lisos. Bajamos dos y ahora subimos tres a la habitación. Creo que aún no soy consciente de ello.

miércoles, 7 de enero de 2015

Pero cuando pienso que ya se ha acabado todo, ahora es cuando en realidad empieza lo duro: la paternidad. Para empezar, menuda noche... Cada vez que cojo el sueño entra una enfermera para controlar a la peque y me despierta. Se asoma ya el sol por la ventana y lo máximo que he podido dormir seguido habrá sido una hora y gracias. Ducha y me largo a desayunar. Abandono momentáneamente a las dos Sofias. Al regresar me topo con la pediatra y mi mujer bastante nerviosa. Ha detectado, por orden de menor a mayor importancia, una serie de defectos de fábrica en la criatura: frenillo sublingual, fractura de la clavícula izquierda, comunicación interventricular y comunicación interauricular. Como todo desconocedor de la materia y, por tanto, de su magnitud real, al recibir tanta información negativa se me cae el mundo encima. Me entran ganas de llorar pero ni aún así logro arrancar una sola lágrima. Qué mucho me cuesta exteriorizar los sentimientos...

Es la hora de la comida y voy con mi cuñado - hermano de mi mujer - a otro restaurante frente al hospital en el que se come muy bien de menú y resulta económico. Todo un "bueno, bonito y barato" ese Lolitos, en el cual aprovecho para celebrar que ya puedo poner en mi biografía que soy padre. Qué bien suena. De ahí al hospital y a intentar hacer un poco de siesta, que parezco un walking dead.

Ha habido suerte y he podido dormir algo, antes de que empiece el carrusel de visitas típicas en este tipo de situaciones. Como estar en la habitación rodeado de tanta gente me resulta claustrofóbico, decido, previo permiso de la ex embarazada, irme a rodar por el antiguo cauce del río Turia. Cómo no, en la maleta de un runner compulsivo no podía faltar todo lo necesario para calmar tal adicción. Desde 2009 no había vuelto a pisar el centro neurálgico de los corredores valencianos - dónde correr si no, en una ciudad con casi 800.000 habitantes en la que predomina el asfalto. El acceso está cerca del hospital y transitar por ahí no tiene pérdida. Lo que en principio debe a ser algo corto y suave, dada la situación en la que me encuentro, se acaba convirtiendo, dejándome llevar por la inercia - o el subconsciente - en una sesión más exigente. Al final realizo el Tempo que tenía planificado, aunque guiándome por sensaciones y no por ritmos. Un calentamiento de 2 millas a 8:23/mi, seguido de 6 millas más a 7:13/mi - ó 9.6 km a 4:29/km para los métricos - y una vuelta a la calma de otras 2 millas a 8:22/mi. Un total de 10 millas - ó 16 km - en 1h16'. Durante la sesión me encuentro fenomenal, pero es al final de la misma cuando aparece todo el cansancio acumulado en las últimas 36 horas. Y es en ese momento en el que, no sé por qué, me viene a la mente la idea de entrenar todos los días en homenaje a Sofia jr. El momento clave.

Pienso que este objetivo podría ir cogido de la mano de la preparación de un Medio Maratón. Así puedo, por un lado, añadirle cierta dureza/credibilidad al reto de entrenar sin descanso, y por otro, comprobar la fiabilidad del método Hanson, aunque la persecución de la meta principal me prive de algo tan esencial para un corredor popular como es la regeneración muscular y articular. La carrera elegida, la de Albacete. Aún no hay fecha establecida, pero suele ser a principios de mayo. A favor, que la conozco - la disputé en 2011 - y está homologada por la RFEA; en contra, el clima que puede hacer por esas fechas a la hora de conseguir una buena marca. Así, ya han quedado establecidos los principales objetivos: acumular días seguidos saliendo a correr sin lesionarme, con una carga importante de trabajo - volumen semanal e intensidad - y hacer un buen papel en Albacete. A partir de ahí, a compatibilizar como sea todo ello con la peor etapa de unos padres novatos y con el trabajo que acaba de traer bajo el brazo mi hija. Tras un largo período de inactividad forzada por los recortes en el sector de la Educación, vuelvo a trabajar de lo mío hasta el final del presente curso. Vuelvo a sentirme profesor.

Llegada a meta 10K El Verger
Diseño el plan de entrenamiento desde el inicio hasta el día de la carrera. Determino mis ritmos de entrenamiento para los diferentes tipos de sesiones. Una planificación en toda regla que no sé si podré cumplir, pero que como siempre hago, sin dejar nada a la improvisación ni al azar. Voy cumpliendo a rajatabla con el plan y sin darle un respiro a las piernas. De vez en cuando aparece alguna molestia o sobrecarga, pero nada que me aparte del camino. Las sesiones van saliendo según lo establecido, aunque llega un momento en el que he de reajustar los ritmos porque veo que voy directo a pasarme de rosca. Realizo la modificación de dos semanas para meter una carrera. Me apetece competir y comprobar mi estado de forma tras la fase de velocidad. Y qué mejor opción que un 10K cerca de casa y plano. Detengo el crono en 36'49", aunque si he de ser sincero, esperaba una marca un pelín mejor. Quizás el calor, quizas el viento, quizás que esta semana ha sido de 58 millas ó 93 kilómetros... O simplemente que me voy haciendo mayor. Pero bueno, quedar el 39 en una carrera que han acabado 1.449 corredores está bastante bien - dentro de mis posibilidades.

Empieza lo bueno, la fase de fuerza. Todo más extenso: los largos, los Tempo, los intervalos y los rodajes. En fin, más exigencia al reto. Todo ello aumenta sensiblemente el volumen semanal a una cifra que oscila entre las 54 y las 68 millas - ó 93 y 103 km - repartidos entre los siete días de la semana. Los días que menos hago son de 6 millas, las cuales me ocupan unos 45 minutos. El cansancio o lo que este método denomina fatiga acumulada se hace notar ya en las piernas.


domingo, 7 de junio de 2015

km 18 Medio Maratón Albacete 2015
Y llega el día D. Como era previsible, por estas fechas te arriesgas a que haga calor y eso es lo que está haciendo estos últimos días. Me planto en la línea de salida en Albacete tras 152 días seguidos entrenando, en el cual he acumulado 1.865 kilómetros repartidos en 142 horas y 33 minutos, lo que hace un ritmo medio de 4:35/km. Aunque esta semana he reducido bastante la carga de trabajo respecto de las semanas anteriores, no he dejado de salir a correr ninguno de los seis días precedentes. Viendo que el día no acompaña para hacer machadas, establezco una estrategia de carrera conservadora que al final me ayuda a no desfallecer en el tramo final, en el que el sol pega de lo lindo, y consigo mantener el ritmo aunque no sin apretar los dientes. A nivel de marca, esa 1h22'07" no me acaba de dejar buen sabor de boca. Para qué negarlo, me hacía ilusión entrar en el club del sub-1h20', pero desde el kilómetro 5 ya era consciente de que hoy la climatología no lo permitiría, por lo que no me sorprende ese crono en la llegada a meta. Por lo menos he mejorado en 41 segundos mi marca en un Medio Maratón homologado. Eso sí, a nivel de clasificación general acabo en modo "subidón": el 51 de 2.143 llegados a meta, en una prueba catalogada como internacional.


Cual Sergei Bubka, que batió 35 veces el récord mundial de salto con pértiga - contando pista cubierta y aire libre - pienso que es mejor ir batiendo los récords poco a poco que de golpe. No hay nada como la satisfacción que produce el batir marcas personales. Esa es la razón por la que doy por concluído ese curioso registro personal de días seguidos saliendo a correr. Eso y que además mi cuerpo y sobre todo mi mente lo necesitan. Ahí queda mi pequeño homenaje a esa criaturita que nació hace 152 días, justo los mismos en los que he colocado el listón para una futura próxima vez. Del 7 de enero al 7 de junio, 5 meses exactos. Hay que remarcar que mi anterior récord, en los 6 años y medio que llevo en esto del running, era de 10 míseros días. En la actualidad estoy inmerso en otro objetivo "raro": acumular semanas consecutivas de más de 100 kilómetros. Pero eso es otra historia...

Sesiones running de enero a junio